La
reiteraciones de sus palabras, Presidente Medina, no son citadina de un mañana
de café, como tampoco de tertulias, están ahí, en la conciencia de la
ciudadanía incipiente de los dominicanos, son palabras no escamoteadas por los
espectáculos de la politiquería cotidiana.
No,
Presidente, hableclaro, llegó su hora
con su primer funcionario Haivanjoe Ng Cortiñas,que ha reventado las redes sociales en el
ciberespacio, ya que siendoContralor
General de la República, se ha otorgado una pensión de 625 mil pesos mensuales
por su condición de ex Superintendente de Bancos.
Recuerdo
su discurso, Presidente, sobre los funcionarios que le produjeran ruido a su
gobierno: se iban a tomar medidas enérgicas, no es para pensarlo, es para
actuar. Lo de Ng Cortiñas escapa a un ruido, ya que es una explosión, no como
la de Félix Bautista, que es comparable a la del Big Bang del universo, pero
está ahí. Esperemos, Presidente. Que su decir-hacer sea una nueva visión, no
una pérdida lastimera de ejercicio del poder.
Su
discurso enla Naciones Unidas
Presidente, desnuda la realidad dominicana cuando dice que en el país más de la tercera parte de su población vive en
condiciones de pobreza, muy bien ese decir, ahora el hacer es la
actuaciónen beneficio del pueblo,
contra esos funcionarios que se creen que viven en Alemania o Suiza, ya que no
se puede hablar de toda Europa.Ahora
espero hechos y palabras, conel primer ejemplo, Haivanjoe Ng Cortiñas.
Desde nuestra particularidad de ser nacional,
debemos globalizar nuestro espíritu, de abrazar una conciencia crítica y
planetaria, que piense lo nacional, con una dialéctica social que incluya
al emigrante allende al país.
Las ciencias sociales no pueden ser pensadas al margen
de los estudios de lo ciberespacial, del mundo cibernético o cibermundo. El
excluir estos estudios de época es vivir envueltos en discurso anacrónico,
repetitivo y sin incidencia social, excepto para reproducir el orden del poder
y los poderosos.
La relación Sujeto, Lenguaje, Discurso, Poder y
Sociedad digital hay que pensarla en redes y con visión crítica en este siglo
XXI. No pensar esa relación del poder digital y su implicación social es
desconocer el pensamiento innovador, fecundo, de los pensadores de la
sociología, tal como es el caso de Manuel Castells, el cual comprende la
relación compleja Cibernética-Poder y Sociedad. Castell es profesor de
sociología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Barcelona y
reconocido a escala mundial como un investigador consagrado a las
investigaciones sobre múltiples aspectos sociales y tecnológicos.
Entre sus investigaciones podemos valorar sus tres
tomos sobre la Era de la Información,donde explica la sociedad de la
información como estándar de época y de la cual nadie puede desentenderse. Sus
ideas revelan la presencia de una forma de Estado que no tiene nada que ver con
la que tradicionalmente se conoce y una cultura que implica la cibercultura.
Sus ideas nos revelan la presencia de una nueva forma
de Estado, el Estado-red, en el cual la presencia de la información y el
ciberespacio es clave para su entendimiento. Para Castells el
conocimiento y la información son las fuentes de la productividad de estos
tiempos. De ahí que en su nuevo libro Comunicación y Poder coloque el
poder en relaciones de cambio de dos formas que giran alrededor de la
articulación entre lo global y lo local y principalmente en redes, no en
unidades individuales, en donde las relaciones de poder son específicas de cada
red.
Sopla el viento en un panorama sombrío,
opaco, repleto de ojos humedecidos en ceniza, ambientados en densas nubes y
neblinas, que cubren de gris, los rostros de la violencia, asaltos, crímenes,
corrupción, secuestros y robos. En fin, todo es gris, lo terrible es que no hay
otras definiciones para denominar el paisaje de la República Dominicana, en
estos días que corren.
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Desde el ciberespacio, mirada de lo
virtual, se escribe sobre el aire gris que se respira en cada espacio real.
Zonas grises hinchadas de narcotráfico, de mafias políticas, rateros y
delincuentes. Hay que combatir ese aire gris que asfixia a la sociedad
dominicana, dicen las autoridadesque se
dan el lujo de poseermascaras y
espacios blindados contra dicho aire.
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Vivimos en la sospecha de lo real,
nadie está seguro, los espacios que no tienen zonas grises, tienen sus orificios,
derepente un sujeto gris aparece como
espectroy mueve el llamado progreso de
dicha élite social que se siente blindada.
IV
Consternación, indignación,
nihilismo, descreimiento, impotencia y desgarraduras, son apenas síntomas de
los efectos producidos por el tiempo gris que vive la nación dominicana. Para
tal afirmación no se necesita ser un filósofo o sociólogo, sino un legendario
expelotero como el intrépido Diloné, quien jamás pensó que su madre iba ser estrangulada
por un vecino querido por ellos mismos.
V
La modernización dominicana con su
mundo ciberespacial y virtual, tiene su serpiente, las zonas grises. Lo
terrible de todo es que la sociedad tiene su conciencia anestesiada ,
envilecida por el espectáculo de las promesas políticas de los funcionarios y
los amigos del presidente, aparte de la reminiscencia de INEPRE, el Plan social
de la Presidencia y del FMI queviene
rondando, ajustando desde 1984.
VI
El desarrollo social de nuestro país,
tiene su origen en la deuda, su llanto en las zonas grises y sus mercaderes en
la tradición trujillista que se dedicaban a la venta demenores, cuerpos vírgenes de tradición
hispanista. Lo terrible de esta degradación, es que la base está en la
familia, que conocen el valor, no por concepción ética, sino económica.
VII
El cibermundo con su poder digital es un
bálsamo para las zonas grises, ya que implica video vigilancia, la fascinación
por el control y el dispositivo electrónico sobre la base de no respirar aire
gris.Entraríamos en lo biométrico y el
poder social digital, no como tendencia sino como garantía de vida.
Las grandes marchas, manifestaciones sociales y
rosarios de protestas se encuentran ausentes en América Latina, específicamente
en nuestra sociedad dominicana. Las grandes marchas, huelgas y protesta sociales se encuentran presentes en
Europa, específicamente en estos minutos que corren en España.
Hace más de dos décadas el filósofo y poeta
mexicano Octavio Paz decía con relación
a los países latinoamericanos que Europa vivía ausente de la política, vaciada
en el trabajo, el consumo y el placer. Contrario a estos tiempos
latinoamericanos, los europeos han recobrado la vuelta a una conciencia de
ciudadanía y la han estado configurando en una empatía planetaria que le dará
un nuevo rostro, una nueva mirada hacia el resto del mundo y el
cibermundo.
Recorriendo el mundo de las imágenes de las
manifestaciones que se producen en
España, nos damos cuenta de cómo las redes sociales digitales han entretejido
rostros imaginarios, creativos y de indignaciones.
Ese
Pais se ha convertido en las neuronas-espejo de cómo se reclaman los derechos,
la no representación de un gobierno
ejecutivo en contra de sus funcionarios y el resto de la población.
La no resignación de un cuerpo de bomberos en Asturias se convierte
en símbolo de una protesta en contra de la subida de impuestos y los recortes
salariales de ese país. Un cuerpo de bomberos que muestra un rostro de protesta
con una fachada de nudismo donde muestran su trasero. Dejando bien claro que la
medida de austeridad les ha dejado en pelotas. Los rostros de protesta invocan
la escultura del monumental Culo de Úrculo, escultura de 4 metros y con un peso
de mil kilos que se encuentra en la calle Pelayo, frente al teatro Campoamor,
en la ciudad de Oviedo, que da una visión de criticidad al despilfarro y
descontrol de un capitalismo de casino, turístico, de vino y champán.
Los grandes sucesos que hoy se viven Europa
cambiarán todo el panorama mundial. Lo cual no significa que seguimos en un
enfoque hegeliano o marxista de historia lineal y de que no pensamos con cabeza
propia, critica que también hizo nuestro Pedro Henríquez Ureña.
Hoy, a diferencia de ayer, América Latina no
sigue siendo espectadora de esos grandes acontecimientos, ya que gracias al
ciberespacio y a las redes sociales sus habitantes contribuyen a los espacios
de empatía y solidaridad social que se
han apropiado de los sujetos que viven en el mundo y el cibermundo.
Sin embargo, muchos de nuestros países viven
embriagados por los capitales turísticos,
movidos entre la arena y la democracia, entre el sujeto consumista y la
poca conciencia ciudadana.
Nuestros países no han dejado de protestar. El
rostro que exhiben no es el de una conciencia de ciudadanía moderna. Nuestras
protestas las frenan con cunetas bañadas de sangre para luego quedar todo igual
porque el Estado impone con toda su intensidad el terror y el miedo. Diferente
a lo que ha ocurrido en Europa, donde los acontecimientos no tienen freno y
cambian el mapa de la vida, moviendo los propios cimientos de los demás países del mundo.
Hoy vivimos en un mundo donde existe un
capitalismo de casino, pero de movilidad turística, ya que se pasea por los
países donde la prima de riesgo no le afecta, se va en donde anida su vida
chupando siempre sangre como vampiro, creando una prima de riesgo insostenible,
deja secuelas de deudas, desempleo y altos impuestos.
Este capitalismo ha provocado despilfarro,
creando bancos comerciales y de inversiones a la misma vez, bajo una misma edificación.
El primero, el banco comercial, le da
sensación de seguridad a los ciudadanos consumistas y conservadores y el
segundo le ofrece champán y vino a los sujetos bancarios, seductores e
inductores para que los demás sean los sujetos endeudados de por vida y para la
vida con el dinero de los ciudadanos consumistas.
El capital turístico no necesita echar raíces
en ningún país del mundo, tiene el cibermundo o el mundo digital para ir
moldeando una nueva forma de control político. La forma de control social digital
ya no se da en una empresa, escuela, hospital o en una determinada institución
pública o privada, sino que con una simple tarjeta de crédito pertenecemos a la
nueva forma de control social, de poder digital, para no hablar de las
hipotecas o otros dispositivos de control.
Ese capital turístico te crea una burbuja de
prosperidad, te pone a bailar en la alfombra mágica por una década o dos
décadas, luego de repente te encuentras con que no hay la alfombra y te
precipitas hasta lo más profundo de la tierra. Carlos Marx llegó a decir
que el capital no tiene patria, no le interesa preservar naciones, regiones,
costumbres y seres humanos. Grecia, Portugal y España son estándar de la vuelta
y revuelta que manifiesta el capitalismo de turismo en la era del cibermundo.
Cuando se vive bajo el capital de turismo,
bañado de inversiones, de corrupciones, de progresos, de macroeconomía estable,
de capacidad de endeudamiento, todo va como Dios manda. La burguesía y los
altos funcionarios del gobierno viven en el Paraíso, gozando de la dolce vita, mientras la clase media vive
en el Purgatorio y los pobres viven siempre en la puerta del Infierno. Cuando
se va ese capital de pose turístico a otros lugares, se hunden en el aquel infierno tanto la clase media como los pobres
a quienes les queda únicamente aquella puerta.
Como siempre, toda inversión es buena pero para
los bancos, pero para la gente, no, y es la de nunca acabar pues se corre tras
los rescates bancarios, no de la gente, la cual no cuenta ni entra dentro de la
estrategia del poder social y digital.
El premio Nobel de economía Paul Krugman
explica este movimiento de capital, de esas inversiones turísticas, de ese
regocijo y fascinación que se vive cuando se pasea dicho capital por un país.
Para este economista lo que ocurre es lo siguiente: Tenemos ya unos 35 años de experiencia acumulada en esto de la
movilidad de capital. Y la realidad es que ha habido muchos episodios
desastrosos en los que el exceso de entusiasmo ha conllevado la entrada masiva
de capitales a un país seguido de una parada repentina y una salida de
capitales igualmente masiva. Eso es lo que pasó en América Latina en 1982, en
México en 1994, en Asia en 1997, en Argentina en 2001 y ahora Europa 2012.
Después de todas esas experiencias, es difícil tener la misma fe en la libertad
de movimientos de capitales que tenemos en la libertad de comercio.