lunes, 24 de febrero de 2020






Ciberpolítica: democratizar  la democracia dominicana





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Muchos analistas han llegado a la conclusión de que la democracia política es un proceso vivo que desde la segunda mitad del siglo XX está sufriendo una profunda transformación. Uno de los más brillantes historiadores de la democracia, John Keane, está convencido de que está naciendo una nueva forma democrática que puede ser definida como posrepresentativa, no porque abandone las formas de representación basadas en el voto libre de la ciudadanía, sino porque agrega a estos procesos tradicionales nuevos y poderosos mecanismos de escrutinio no parlamentario (…) Pero lo más importante serán las tendencias que impulsen la democratización de la democracia y la expansión de los grupos e instituciones independientes y autónomos que sean capaces de convertirse en sofisticados y modernos monitores del sistema político. (Roger Bartra, 2012)





Los juegos simbólicos culturales que expresan los sujetos en las redes sociales forman parten de la cibercultura que, a la vez, evidencia prácticas virtuales políticas que no se encuentran en los entornos reales. Pero están ahí, como dispositivos de enlaces, de contacto e interactividad con la práctica de la  política real. Esto no significa que desaparezca la política tradicional, sino que ambas forman un híbrido en el cibermundo, en el que esta última tendrá que innovarse, ante la forma de hacer política, so pena de mantenerse en la filosofía del gatopardismo, que consiste en un cambio político para que todo siga igual. 

La política en el ciberespacio se ha ido construyendo a través de las diversas prácticas virtuales producidas por diversos actores sociales. En fin, son tiempos de la ciberpolítica, es decir, una nueva forma de hacer política mediada por entornos virtuales.  No es destruir, sino cambiar la regla de juego tradicional de la democracia representativa, que tome en cuenta a las multitudes inteligentes de las redes sociales, tales como las que se han estado manifestando al frente de la Junta Central Electoral, luego de la suspensión brusca de las elecciones municipales, por el  alegado sabotaje al voto automatizado, el pasado domingo 16 de febrero de  2020.

En la ciberpolítica, la interacción virtual actualiza permanentemente la información, cosa que no sucede en la política tradicional. Lo virtual disloca lo real. La fascinación por el ciberespacio ha abierto un mundo  en donde hay de todo: la pluralidad, la horizontalidad, la no jerarquía y la no identidad. Anonymous es la expresión de los sin rostro, de los indignados, de la expresión de la ciberpolítica en cuanto rechazo a las antiguallas ideológicas que predominan en la política tradicional.

Las redes sociales y sus aplicaciones, con Facebook, Youtube, Twitter, Instagram, WhatsApp y My Space a la cabeza, entraron en escena en este siglo XXI. El mundo de los negocios celebró dicho escenario con vino y champán. Sin embargo, sus creadores jamás pensaron que tales redes se entretejerían en movimientos sociales y comunidades virtuales para luchar contra la corrupción, la falta de transparencia y el autoritarismo político.

Por eso, no se pueden reducir las redes sociales a la ciberadicción, movimientos coyunturales neopopulistas y a paquetes de informaciones triviales, pertenecientes al contenedor virtual de la ciberbasura. En el ciberespacio y las redes sociales, lo más preocupante para las élites de poder, es cuando los sujetos cibernéticos cuestionan el funcionamiento del orden social y político.  De ahí que los gobiernos y los políticos neoliberales del mundo ven como amenaza las redes sociales, el ciberactivismo político y la ciberciudadanía, ya que el ciberespacio lo focalizaron como espacio virtual solo para idiotas. 

Es por eso que la ciberpolítica viene a resquebrajar la práctica política tradicional de los ritos del poder político, ya que no se puede convocar marchas y concentraciones sin redes sociales. El movimiento de los 140 caracteres de Twitter disloca el activismo tradicional de la política, de ahí el ciberactivista político que tiene presencia en las redes, que crea y recrea en fracciones de segundos unos movimientos sociales que se concretizan en la plaza pública.

Es por es, que vemos como miles ciudadanos dominicanos en santo domingo, Santiago, San Francisco, Barahona y Higüey; así como allende de los mares, Nueva York, España y varios países europeos se levanta como ciudadanos dominicanos que son para estar presente e indignados, ante la actual crisis política en que se encuentra la nación dominicana. Esta lucha por la democratización de la democracia, la están encabezando, los jóvenes, específicamente los nativos digitales del ciberespacio, los que han nacido en el cibermundo son los protagonistas de una historia de política inédita en la República Dominicana en la era del cibermundo. Ellos son los que juntos a sus padres y abuelos (inmigrantes digitales) lo que tienen que construir el sentido de democratizar a la democracia transida dominicana, para ue pase de lo transido a lo transitorio y no que sea permanente como el círculo vicioso de la política del lampedusismo y de lo Light, que siempre se vive en cambiar para que todo quede igual, como decir café sin cafeína.
             La democratización se va construyendo es en el ejercicio de la libertad, de uno sentirse que es libre para ejercer sus derechos civiles y políticos, sin que con estos se carga en el neopopulismo y si en un sacudión político, que hagan entender a los partidos tradicionales, que no es la filosofía del gatopardismo o lo que necesitamos, en cuanto el cambiar todo para que nada cambie. Estos partidos, los jóvenes que están ellos, sepan que la democracia dominicana esta transida, no resiste seguir viviendo bajo ese ese modelo de Estado clientelar, patrimonialista y de hipercorrupción, que excluye prácticamente a la población dominicana. Si no hay profunda reforma social y política pasaremos de sociedad transida a hipertransida, en que no existiríamos como sociedad y donde el caos sería el orden del día, por la falta de cohesión social.




Ciberpolítica: democratizar a la democracia dominicana

En la actualidad el proceso retroceso democrático empieza en las urnas. La senda electoral hacia la desarticulación es peligrosa (…). La población sigue votando. Los autócratas electos mantienen una apariencia de democracia, la que van destripando hasta despojarla de contenido. (Steven Levitsky Y Daniel Ziblatt, en su texto “Como muere la democracia,”2018, pp.13-14)



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La ciberpolítica es una construcción simbólica de un mundo político no tradicional que pone de manifiesto los sujetos cibernéticos a través de sus prácticas virtuales y sociales en el ciberespacio y espacio físico, ambos entretejidos de redes sociales. En esta no cuentan las reuniones de los comités de base. Son las redes sociales las que hacen y deshacen las agendas políticas. No hay militancia partidaria. Lo que cuenta es el ciberativista, el cual participa e incide en las redes. En esta modalidad política,  los sujetos se organizan en redes, el liderazgo es compartido, no hay “masa”, cada quién tiene algo qué decir y lo dice.

No hay control para callar a la gente. El ciberespacio es un descontrol. Todo el mundo quiere ser partícipe de los procesos sociales que se producen en lo real y virtual. La hiperconetividad entretejida de redes y la nueva forma de participación social hacen estallar la manera de hacer política. No vivimos del paso de lo virtual a lo real, porque ambos forman parte del espacio y ciberespacio: Facebook, Google, Instagram, Twitter, entre otras redes sociales y aplicaciones no son en sí una era, aunque son parte de un mundo digital: el cibermundo (Merejo, 2007; 2012; 2015; 2017).

Desde este enfoque se estudian acontecimientos sociales en la sociedad dominicana como son la lucha por un no a la cementera en Los Haitises (2009), el movimiento el 4% para educación (2011), el movimiento  Marcha Verde (2017) y las diferentes formas de protesta que han brotado desde el 16 de febrero 2020, como son el movimiento de los indignados de la Plaza de la Bandera y el monumento de Santiago, entre otras regiones del país; además de  todas las manifestaciones espontáneas como los cacerolazos, las circulación de vehículos con las luces encendidas o tocando  sus bocinas a determinadas horas del día.  

Los últimos dos movimientos sociales (2017; 2020) no son coyunturales. Aunque la Marcha Verde no volvió a ejecutar su accionar como lo hizo en esa época, permanece como meme político de indignación política en la conciencia de los ciudadanos, lo que hace que se retome su lucha desde otro procedimiento ciberpolítico, como La Marcha del Millón, el 27 de febrero 2020.

El estudio de estos acontecimientos nos abre la perspectiva para situar los discursos de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt , los cuales hacen un diagnóstico en su libro Cómo muere la democracia (2018), relacionado con la democracia representativa cuando dicen que  no son los golpes de Estado militares tradicionales que quiebran la democracia, sino que es desde la misma democracia misma que se está produciendo este fenómenos y que los responsables son los mismos gobernantes que surgen de los procesos electorales democráticos.

Es precisamente lo que se está viendo en la República Dominicana, es decir, una democracia transida, agotada, abatida, que va muriendo lentamente, si no se democratiza. El buscar explicación y comprensión de tal fenómeno social y político pasa por una conceptualización que entra en la ciberpolítica y en el estudio político no tradicionales, pues tienen como referencia la historia política de los últimos 30 años y de manera puntual, las últimas dos décadas del siglo XXI, de esta era del cibermundo y sus redes sociales. Por eso dicen estos autores que desde “el final de la Guerra Fría, la mayoría de las quiebras democráticas no las han provocado generales y soldados, sino los propios gobiernos electos” (ibid., 13).



En sus discursos, estos dos investigadores de Harvard expresan cómo el presidente Donald Trump se valió de las redes sociales y otros medios para lograr ser el Presidente de Estados Unidos,  y que  mucho antes de entrenarse en el cargo, daba la prueba de positivo en cuanto ser una figura autócrata y antidemocrática. Es este tipo de liderazgo antidemocrático el que en estos últimos tiempos ha estado pariendo el proceso agónico de la democracia. Tal proceso, lo explican los autores con rigurosidad y sin intensas pasiones ideológicas.

Por eso el cómo muere la democracia entra en estos tiempos en los análisis de lo ciberpolítico, porque hay que buscar repuestas a estos acontecimientos políticos electorales que hoy se viven en la era del cibermundo y tomar en cuenta que esta nueva forma de hacer política en el mundo de lo virtual y sus redes sociales cobran su valor en el plano de la lucha por la democratización de la democracia.

Los que piensan que se vive en la política sin comprender que también la ciberpolítica existe y que desde esta se generan  acontecimientos sociales inéditos, vivirán asustados y con temor a que todo se puede derrumbar o venir el caos, lo cual puede ser cierto, pero no será producto de las redes sociales, las cuales forman parte del mundo virtual en  que estamos viviendo. Quiérase o no, estamos obligados a vivir en este mundo cibernético o de lo contrario puede usted irse desde ahora a vivir en el inframundo de los muertos.

Así como del capitalismo mercantilista y el monopolista brotaron sus relaciones sociales de la producción y del consumo, desde el cibermundo, de su economía de aprendizaje y el conocimiento, envuelta en un capitalismo net, han brotado redes sociales de producción de información, conocimiento y consumo. Vivimos en un mundo cibernético que lleva en su seno la innovación, lo convulso, transido y perplejo.

El lenguaje momificado del poder y los poderosos que maldicen esta oleada de jóvenes contestarios proviene de funcionarios que no respetan a sus hijos, los educan con prácticas autoritarias, y al parecer,  quieren que sus hijos vivan idiotizados en lo virtual y que no convivan con los demás en la plaza pública y en espacios reales. El aferrarse al poder a como dé lugar les importa más a esos funcionarios, que cualquier intento de cuestionar la democracia transida en que vivimos, dejan mejor que sus hijos vivan en la ciberadicción y a que vivan en el slacktivismo solitario (cibervago idiotizado, pegado a la pantalla y al cliqueo) ante que vivir en el hacktivismo como formas de hacer política (ciberpolítica) en el ciberespacio, en las redes sociales con el objetivo de democratizar la democracia y luchar contra toda dictadura.

Es en este contexto de pleno ejercicio democrático que los dominicanos han creado un nuevo ritmo de protestar ante la democracia transida en que vivimos. En algunos casos,  producen una sinfonía musical en la que multitudes inteligentes tocan las bocinas o prenden las luces de sus autos y en ocasiones se dan conciertos en diferentes residenciales, torres y centros comerciales de cacerolazos. Estos sucesos se están produciendo en el día y la noche en los sectores bajo, medio y alto de la sociedad dominicana. Esto deja bien claro que no se puede inventar modificar la Constitución u otras leyes y crear componendas políticas, sin que exista régimen de consecuencia, la sociedad ha estallado y la historia en la nacion dominicana no será igual  después del 16 febrero 2020.



Democratizar la democracia implica reformas sociales, económicas y políticas profundas en las que lo excluido también existe. Todo lo expuesto y muchas cosas más hay que comenzar a cambiarlas para que no muera la democracia en manos de los mismos que se dicen ser demócratas.

Los discursos de Levitsky y Ziblatt, a lo que nos hemos referido están relacionados a la democracia, el autoritarismo y los partidos políticos en países latinoamericanos y del Caribe. De ahí, la importancia del párrafo siguiente: “Los autócratas que pretenden consolidar su poder acostumbran a reformar la Constitución, el sistema electoral y otras instituciones de modo que resultan desfavorables o debilitan a la oposición, inclinando de nuevo el terreno de juego en contra de sus rivales. Estas reformas suelen llevarse a cabo bajo el pretexto de hacer un bien público, cuando en realidad lo que se persigue es favorecer a quienes ostentan el poder”. (ibid., 106)

Esta ha sido en cierta forma del poder y el arte de gobernar la democracia representativa en la sociedad dominicana. Esa manera autocrática en el ejercicio de gobernar, es lo que ha provocado la erupción volcánica de la democratización de la democracia, que implica trasparencia y cambio de las reglas de juego en el proceso político.

 
Ciberpolítica: democratizar la democracia dominicana




Las nuevas actitudes, creencias, formas de tolerancia, así como la adhesión a los derechos humanos y a su condición universal son un producto tanto del cambio tecnológico como de la educación. Tendrían que ser arrancadas por la fuerza de los cuerpos, las mentes y las microestructuras de una gran mayoría de los menores de treinta y cinco años. (Paul Mason, el miedo a la libertad. 2017, p.201)



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La ciberpolítica que brota de los medios digitales (móvil, tableta, laptop) busca diversos propósitos  en el ciberespacio (construcciones  simbólicas y políticas en redes); por lo que no es por capricho de juventud, ni por estar en la moda (aunque una parte lo están, lo cual  tampoco está mal ), más bien, se movilizan en  la Plaza de la Bandera, en el monumento de Santiago y parques y calles de la República Dominicana , porque algo está fallando en el sistema democrático representativo y  no está funcionando bien.


Monge y Oliván, en su texto Hackear la política (2019), enfatizan que de la única forma que se puede salvar la democracia no es sepultándola, sino dando más democracia, a la democracia le hace falta más democracia, no encasillarla a coyuntura política, es decir de “una democracia intermitente-que solo se da en el momento electoral- a una permanente”, lo que no significa que esta no sea importante para rechazar lo que realmente se quiere rechazar, ya que el votar entra en la democratización de la democracia, siempre y cuando las instituciones junto a sus máximas  autoridades cumplan  con la transparencia y la pulcritud en el sistema electoral que se implemente.

El tal sentido, hay una desconfianza generalizada por parte de la sociedad en torno a la Junta Central Electoral, a raíz del abortado proceso electoral de 16 de febrero 2020. Sus jueces no producen credibilidad y transparencia en relación al proceso del 15 de marzo y el 17 de mayo de 2020. Serán los propios ciudadanos, la sociedad civil y todas las instancias institucionales que han de convertirse en observadores de dicho proceso, caracterizado por un archipiélago de incertidumbre. Los movimientos sociales juveniles han de construir su propia agenda política para participar en un diálogo nacional.

El derecho al voto y luchar por la perseverancia y las convivencias en los valores democráticos es fundamental para democratizar la democracia representativa en la que vive la sociedad dominicana transida y cargada de cultura y pasiones políticas caóticas del siglo XIX y  del pragmatismo político balaguerista del siglo XX. Las pasiones y agitaciones políticas y de dialogo  que perviven en los partidos tradicionales no tienen que ver con la forma de hacer política moderna y de organización  y mucho  menos con la ciberpolítica en el cibermundo, en cuanto participación interactiva y empoderamiento social. La práctica política balaguerista no es democrática, mas bien,  es autocrática, centralizada  del poder en una figura que se cree divina y mesiánica, en la que el gobernante ejerce el poder desde el Estado y terminan siempre concentrándolo como la figura número uno (presidente), por lo que se puede dar el lujo de violentar las leyes y con su accionar romper reglas y procedimientos democráticos.

Democratizar la democracia implica que luego de culminadas  las elecciones, se ha de proceder a  cambiar el procedimiento jurídico de elegir los jueces y sus suplentes de la JCE, por lo que esos  se han  de ir, ya que si actúan adecuadamente es por la presión que tienen de que todo trascurra  con normalidad. Se ha luchar, también, por cambiar el modelo de Estado clientelar y patrimonialista hinchado de hipercorrupción, el cual hunde en lo transido a la sociedad, de lo contrario,  el panorama social de indignados dominicanos  se agigantará cada día para luchar por una democracia no transida y sí  innovadora, lo hará sobre la base del pleno ejercicio de la libertad y del civismo que tiene registrado en su memoria (meme cultural democrático) la sociedad dominicana.

La Plaza de la Bandera (Distrito Nacional) y los demás espacios públicos de provincias han  de convertirse  en expresiones políticas donde también  salgan a relucir el arte, del ciberarte, de la ciberpoesía, la pintura, que tenga sus espacios, así como ya lo tienen  los conciertos musicales y el videoclip, que es representación visual y musical de la democracia transida en que hemos vivido los dominicanos,  los cuales quedan registrados  como unidades culturales (memes) en el espacio y el ciberespacio (cibercultura  social).

El pensador y sociólogo Zymunt Bauman, aborda  algunas ideas sociológicas y políticas para estos tiempos en que la democracia global se encuentra transida. Ideas estas que expuso en un debate internacional sobre el “Gran retroceso” que está sufriendo la democracia y “el reto urgente de reconducir el rumbo” de esta, que se redefina en su democratización, en el ejercicio del poder, en su descentralización, en hacerlo más participativo, más dialógico y plural.

La nación dominicana vive en tiempo de incertidumbre, transido, por lo que necesita un cambio que no deje todo igual (gatopardismo).  Para tales cambios no hay un oráculo, por lo que implica el arte de conocer lo que se conoce, no a corto plazo, ni manera instantánea,  sino  a largo plazo,  y en la que lo dialógico no esté ausente del escenario social, como bien precisa Bauman (2017):



Postular una cultura del diálogo como meta de la educación y postularnos a nosotros en el rol de maestros implica a las claras que los problemas que nos acosan hoy en día no van a desaparecer en un futuro cercano; se trata uno problemas que no nos servirá de nada intentar solucionar “de las formas en que estamos acostumbrados”, pero a los que la cultura del diálogo tiene una posibilidad de encontrar unas soluciones más humanas (esperemos más efectiva).



Los jóvenes nets y los nativos digitales, han de comprender que aprender de nuevo  es construir una concepción de la ciberpolítica, en la que democratizar la democracia, también incluye lo dialógico, en las que ellos (constituido como movimiento) exijan ese derecho, para que dicho diálogo no sea un monólogo, una componenda entre partidos, Iglesia  y empresarios, tal como se conoce en la historia de la democracia representativa (1978-2020) que hemos vivido.

Es por eso, que han de empoderarse de los espacios públicos  para construir símbolos de convivencia, ejercicio de libertad, democracia dialógica y ampliar la lucha social en forma lúdica, de la misma forma que lo han venido haciendo con los memes políticos.  Una lucha que no deje a un lado la repuesta puntual por parte de la JCE, por la cancelación electoral del 16 de febrero y el sometimiento de los responsables a la justicia,  y por una pluralización del poder, hacerlo lo más descentralizado posible, lo que significa que hay que votar en las elecciones municipales y presidenciales y estar  vigilantes  de todo el proceso electoral y el marco de tal proceso exigir profundas trasformaciones sociales, educativa y económica.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Diálogo filosófico

Diálogo filosófico entre Andrés Merejo e Ignacio Ayestarán


El filósofo y  pensador, Ignacio Ayestarán Úriz, es doctor  (Ph.D.) cum laude en filosofía y  profesor en esa misma disciplina en la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU – Donostia-San Sebastián).
En la década de los años noventa coordinó uno de los libros pioneros en español sobre los Estudios “Ciencia, Tecnología, Sociedad”, con la participación, entre otros especialistas, de Carl Mitcham y Wiebe E. Bijker: Para comprender Ciencia, Tecnología y Sociedad (Ediciones EVD, Estella, 1996). Sus investigaciones y trabajo se han basado con frecuencia en la forma de asegurar un enfoque transdisciplinar que fusione las ciencias, desde una valoración onto-epistémica y ética de la complejidad global, la tecnología y la tecnociencia, incluyendo los Estudios CTS y la filosofía contemporánea. En esta línea, fue uno de los coordinadores del libro Filosofía en un Mundo Global (Anthropos, Barcelona, 1998) y posteriormente ha coordinado Sustainable Development: Relationships to Culture, Knowledge and Ethics (Karlsruher Studien Technik und Kultur - KIT Scientific Publishing, Karlsruhe, 2011) y Sustainable Development, Ecological Complexity and Environmental Values (Universitdad de Nevada, Reno, 2013).
También ha realizado incursiones en diversos aspectos del cibermundo, desde los cambios en la economía y las dinámicas de la clase trabajadora hasta la interrelación de las redes a escala global: “Capitalismo cognitivo en la economía high tech y low cost: de la ética hacker a la wikinomía” (Argumentos de Razón Técnica, 2007), “Complejidad y arquitectura de redes sostenibles entre la biosfera y la tecnoosfera: de Internet a Gaia” (Ontology Studies, 2008), “La interfaz entre la biosfera y la noosfera: pensar las esferas de la sostenibilidad en la era del Antropoceno” (Ludus Vitalis, 2012).
En el campo de las nuevas epistemologías post-kuhnianas de la ciencia también ha explorado el ámbito de la “ciencia post-normal” que iniciaron Jerome Ravetz y Silvio Funtowicz. Con este último autor publicó “Ciencia postnormal, problemas ambientales complejos y modelos de información” (Ludus Vitalis, 2010). Más recientemente, Ayestarán ha desarrollado esta metodología en “Environmental values, the epistemology of complex problems and post-normal science in the face of global change” (Universidad de Nevada, Reno, 2013).
Por otra parte, entre sus preocupaciones teóricas y epistemológicas se encuentra el estudio de las diferentes metodologías de las ramas de las ciencias humanas y sociales. En esta área ha publicado dos libros, junto con Nicanor Ursua y Juan de Dios González: Filosofía crítica de las Ciencias Humanas y Sociales: Historia, Metodología y Fundamentación Científica (Ediciones Coyoacán. México, 2004) e Introducción a la metodología de las Ciencias Humanas y Sociales (Ediciones Coyoacán, México, 2006). Asimismo, ha escrito el libro Wittgenstein. El vienés errante (Ediciones Coyoacán, México, 2009), una aproximación biográfica y contextualizada a los principales temas de ese pensador, referente de la filosofía del siglo XX en medio de la barbarie y la persecución nazi.
Como autor concernido por la universalidad y que piensa que lo local –o lo que el poder hegemónico denomina como “local” o “minoritario”– también expresa lo universal, se ha preocupado por desarrollar el pensamiento en euskera con la coordinación o la autoría de varios libros en dicha lengua: Ludwig Wittgenstein. Ética, ciencia y antropología (Ludwig Wittgenstein. Etika, zientzia eta antropologia, Jakin, Donostia-San Sebastián, 2000), Kant y la revolución de la Modernidad (Kant eta Modernitatearen iraultza, Jakin, Donostia-San Sebastián, 2005), Desarrollo Sustentable y Responsabilidad Social (Garapen Iraunkorra eta Gizarte Erantzukizuna, Jakin, Donostia-San Sebastián, 2010).
Obtuvo el  Premio Joseba Jaka de ensayo en euskera, escribiendo el libro El ángel de Walter Benjamin a través del bombardeo de Gernika (Walter Benjaminen aingerua Gernikako bonbardaketatik, Elkar, Donostia-San Sebastián, 2010). En euskera también ha publicado un poemario y en la actualidad está preparando una traducción a dicho idioma de La Sociedad del Espectáculo de Guy Debord. 
A continuación el dialogo con mi amigo filosofo Ignacio Ayestarán Uriz, quien impartió docencia en el master de filosofía en mundo global conducente al doctorado “La Globalización a Examen: Retos y Respuestas Interdisciplinares”, el cual se lleva a cabo en convenio entre la Universidad del País Vasco (UPV/EHU – Donostia-San Sebastián) y la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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Andrés Merejo (A.M): Cuando vivía en la ciudad de Nueva York, en la década de los noventa, cayó en mis manos el texto Para comprender Ciencia, Tecnología y Sociedad (1996), donde usted hace una reflexión sobre el “Modernismo reaccionario y técnica: Heidegger frente a Nietzsche y Jünger”. Nos gustaría saber su focalización en estos tiempos cibernéticos, en la que tal discurso filosófico tecnológico, aunque guarde cierta relación con el cibermundo de hoy, sus miradas no encajan en el marco del sistema como tal , porque no se trata de simple dispositivos (manipulable o no) sino de un sistema que envuelve toda un discurso filosófico que implica el sujeto cibernético, el poder virtual (control del cuerpo como almacén de información), la cibercultura, que va más allá de un conjuntos de aplicaciones interactivas, ya que van moldeando el cerebro (plasticidad cerebral) y la misma cibersociedad (entornos virtuales educativos, cibereconomía y ciberpolítica) que va dejando atrás en muchos aspectos la sociedad tal como existía en ese momento en el que apareció el texto mencionado más arriba.    

Ignacio Ayestarán Uriz (I.A.U): En toda filosofía sobre la tecnología hay una parte troncal que resulta casi perenne, consustancial a la raíz antropológica del ser humano, pero, a su vez, hay otra parte variable, dependiente de los propios procesos de evolución y dilucidación de los dispositivos y sistemas tecnológicos. A un autor como Martin Heidegger le debemos que en el siglo XX se reconociera la tecnología como un tema de tratamiento filosófico de primer orden. Ello no obsta, sin embargo, para reconocer también que ha habido desarrollos posteriores en las trayectorias tecnológicas y tecnocientíficas que conviene analizar con más precisión de lo que hizo el propio pensador alemán. Heidegger le critica a Ernst Jünger que su figura del trabajador como representante de la técnica es un exponente de la voluntad de poder de Friedrich Nietzsche. Ahora bien, no nos basta con decir eso: debemos escrutar todos los efectos de poder que ello supone, siguiendo también los propios procesos contemporáneos. En un momento dado Heidegger llegó a caracterizar la Modernidad como “la época o el tiempo de la imagen del mundo”. En la fase de globalización contemporánea, ahora nos toca seguir pensando qué significa analizar y vivir en un “mundo”, así como añadir una cuestión ulterior: qué supone vivir en el tiempo o la época de la imagen del cibermundo.

A.M.: Se puede apreciar en la respuesta anterior que no se puede pensar la filosofía al margen de la tecnología, que esta es recurrente desde los presocráticos hasta nuestros tiempos. ¿Pero fue la filosofía primero, luego vino la técnica, la tecnología como mera habilidad? Con más intensidad: ¿el filósofo del presente ha de repensar la tecnología en una dimensión diferente tal como se situaba en la mitad del siglo XX, antes de filosofar sobre el ciberespacio? ¿Es el cibermundo una extensión de ese mundo de la tecnología que llegó a situar la Escuela de Frankfurt y también el mismo Heidegger?
I.A.U.: En esta cuestión conviene distinguir entre técnica, tecnología y tecnociencia. La técnica es la forma primera que tuvo el ser humano para relacionarse con su entorno y también para coordinarse con otros seres humanos. Es la parte más artesanal de la actividad humana, sin olvidar, por otro lado, que el lenguaje mismo fue de las primeras técnicas –por no decir directamente la primera– que el ser humano utilizó y que, al mismo tiempo, lo constituyó y lo conformó. A partir de la Modernidad –o de la Modernización, si se prefiere–, la técnica da un paso cualitativo y se transforma en tecnología, que ya no es artesanía, sino una técnica de base científica y producción industrial seriada. Posteriormente, a partir de la Segunda Guerra Mundial, aparece otro fenómeno, que es la tecnociencia, que ya supone la hibridación entre lo científico y lo tecnológico. Cuando un Aristóteles, por ejemplo, pensó la relación entre physis y téchne, lo hizo en términos de la técnica antes descrita, porque ese era su mundo. Cuando la Escuela de Frankfurt y Heidegger meditan sobre los nuevos productos y procesos industriales, están ya en el ámbito de la tecnología, desde los medios de formación de masas –tema de La dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer– hasta la central hidroeléctrica sobre el río Rin –un ejemplo tan caro a Heidegger–. Por tanto, la filosofía que se preocupa de pensar su propia época no puede prescindir de los desarrollos técnicos y tecnológicos. Así que nuestra tarea también es pensar los fenómenos y los acontecimientos que nos circundan y nos atraviesan: el cibermundo, el Antropoceno de base capitalista o Capitaloceno, la fusión de nuevos medios de producción y financiación, la sombra de la tecnología nuclear que sigue ahí aunque ya casi no se menciona, las formas de urbanización y socialización masivas, incluso el extractivismo, que no solo es una cuestión económica, sino también epistémica y ontológica, como bien ha apuntado Ramón Grosfoguel, hasta la forma de colonialismo interior que denuncia Silvia Rivera Cusicanqui.





A.M.: En otra parte del texto (ibíd., p.137-148) usted articula la filosofía de Michel Foucault con la relación del poder y la filosofía de la tecnología, la cual implica el discurso sobre los diversos tipos de tecnologías del propio Foucault. ¿Dónde cree usted que se quedó este filósofo si lo repensáramos en el cibermundo de hoy? ¿Hay que repensarlo desde el cibermundo? De hacerlo así, ¿qué nos queda de este filósofo del poder, al cual Gilles Deleuze situó en el discurso de los dispositivos de encierro, no en la nueva configuración de poder, la sociedad de control?

I.A.U.: El Foucault más tardío se dio cuenta de que había un campo que no había explorado: las tecnologías del yo. La cuestión es que no solo había tecnologías del poder, sino también técnicas y tecnologías del yo, desde la Antigüedad hasta el presente, que son aquellas que hacen que el individuo actúe sobre sí mismo. Podríamos pensarlas como una prolongación del propio trabajo foucaultiano sobre las tecnologías del poder en relación al sujeto. En este sentido veo cierta proximidad entre los planteamientos de Foucault y los de Deleuze, más allá de lo que el propio Deleuze reconoció. Es verdad lo que dice Deleuze sobre la diferencia entre las tecnologías del encierro y las tecnologías de la sociedad de control, pero estoy convencido de que entre los dos pensadores hay un terreno común a través del concepto de “dispositivo”, que Deleuze recupera y comenta en homenaje a Foucault también. El dispositivo va más allá de la herramienta y, me atrevería a decir, más allá del sistema tecnológico. Por tanto, nos incluye, nos atraviesa y nos constituye. Desde este punto de vista, el uso de las tecnologías propias del cibermundo entra en la temática de los dispositivos y, por qué no decirlo, de las tecnologías del yo. La persona como avatar en el mundo de Internet, las formas de socializar, exponer y exponerse en ese tipo de tecnologías, sus efectos de subjetivación, son otras tantas maneras de construir mundo o cibermundo. Ahora bien, también me gustaría señalar que, como usted bien señala en varios de sus escritos, no debemos caer en la ceguera de pensar que este es un proceso homogéneo y unilateral, pues se mezclan con frecuencia procesos pre-modernos con otros modernos y tardo-modernos o trans-modernos. El mundo no tiene el aspecto de la creación de una divinidad omnipresente y omnisciente, sino más bien el aspecto y la constitución de una tensión de fuerzas, cruces, procesos y tiempos que se asemejan más a un patchwork dinámico. A pesar de vivir en la era de los drones y de los macrodatos o Big Data, el mundo se parece más a una almazuela tejida con nuestras propias existencias a retazos.

A.M. Bueno, sin dejar las reflexiones anteriores, vamos a situarnos en un tiempo filosófico político, en el cual el sujeto está viviendo como transido, hipertransido, transido tránsito, donde el mismo concepto de lo transido no solo remite a lo abatido, al dolor moral o físico, porque no significa un inmovilismo, ni un dualismo pesimismo/optimismo en el que vive el sujeto, ya que lo transido, como transir es atravesar, pasar, no solo se queda entrampado en el abatimiento, de ahí que en el Cibermundo (ciberespacio) y el Mundo (espacio), hay países como República Dominicana, Chile, Argentina, que viven transidos, hipertransidos como Etiopía , Haití, República Democrática del Congo, o transido tránsito como el que vive el pueblo de Cataluña y otras regiones de España ¿No se puede descartar de España y sus regiones pasar de lo transido tránsito(como paso, no la intensidad de una permanencia) y situarse en lo transido?

I.A.U. En el estudio que usted ha hecho sobre lo transido aplicado a la República Dominicana hasta llegar a la conceptualización de “la dominicanidad transida” hay un ritmo que ha hecho también activar en mí ciertas resonancias frente al caso español. El Reino de España ha presumido en las últimas décadas de haber superado el cruel régimen del dictador Franco con un proceso de democratización al que llamó “la Transición”. Sin embargo, el primer intento de realizar un proceso constituyente republicano –en Cataluña– ha desenmascarado claramente la pretensión ilusoria de esa transición. El Reino de España se encuentra actualmente en una fase de involución democrática, que afecta gravemente a cuestiones básicas como los Derechos Humanos. Hace pocas semanas una organización como Human Rights Watch(1) ha publicado un informe donde ha denunciado la violencia desproporcionada que desplegó la policía española contra la población civil en el referéndum pacífico del 1 de octubre en Cataluña. En esta línea, frente a la represión y al encarcelamiento de las ideas políticas, Eduard Punset(2) ha criticado la imagen de “la transición” española en un artículo reciente con las siguientes palabras: “No puedo parar de pensar en Montesquieu y en la dichosa separación de poderes. Desgraciadamente, la separación de poderes en España no existe. Debo admitir que la ‘transición benevolente’, de la que tanto nos llenamos la boca, aceptó también renunciar, al menos por el momento, a la famosa división de poderes en el Congreso como sistema de representación pública; esto fue así, entre otras cosas, porque entre los políticos de entonces ninguno aceptaba que el Poder Judicial no fuera elegido también por ellos mismos. Recuerdo conversaciones mantenidas con políticos de carácter benevolente a los que intenté convencer de que una cosa no podía ir sin la otra. Lo había aprendido en el exilio. Y así están las cosas: aún vivimos en un país donde alguien puede ir a parar a la cárcel por sus ideas políticas”. La ausencia de separación de poderes ha llegado a unos niveles insoportables que hacen que las reacciones del Reino de España sean las propias de un Estado fallido, no solo en lo económico, sino también en lo institucional. En estos momentos en España no existe realmente lo transido como transición, sino solamente lo transido como apagamiento o acabamiento en la decadencia de una estructura monárquica, centralista y autoritaria.

A.M.: Siguiendo sobre la concepción de lo transido, en una lectura que hice sobre el primer texto que escribiera Camus “El revés y el derecho”, que data de los años treinta del siglo XX, hay una parte en el que se refiere al “Alma transida”, donde narra su vivencia en Praga, cuando vivió atravesado, no solo abatido, estacionado en el dolor permanente, sino fluido, transitorio, o lo que he llamado transido tránsito.

I.A.U.:Me alegra que cerremos este diálogo apelando a la literatura, esa técnica de la escritura que nos concierne como uno de los distintivos de lo humano. Encuentro tremendamente atractiva y, al mismo tiempo, inquietante la presencia de lo transido tanto en ese texto de Albert Camus como en el poema de César Vallejo, “Transido, salomónico, decente”, que sirve de inicio a su libro sobre la dominicanidad y que da pie a la posterior reflexión que usted ha desarrollado en torno a lo transido. En el poema de Vallejo, como ya tuve oportunidad de manifestárselo, resulta crucial el verso: “¿Recordar? ¿Insistir? ¿Ir? ¿Perdonar?”. La caracterización de transir como un insistir y un ir a la vez en el centro del verso, sumada al juego dialéctico entre recordar y perdonar en la apertura y el cierre del verso, hace de este uno de los máximos exponentes de la experiencia de lo transido, con dureza, pero sin pesimismo, algo muy propio de Vallejo. A Camus y Vallejo sumaría también un fragmento del “Canto de la locura”, un poema de Francisco Matos Poli, escrito en unas condiciones durísimas, que, sin embargo, dicen:

“Ya está transido, pobre de rocío,
este enorme quetzal de la nada.
No bastan los signos hirvientes,
las manos colmadas, los ríos,
las lenguas atadas.
No bastan los dolorosos caminos”.

Quizá no somos más que un quetzal de la nada transido, pero por eso mismo no nos bastan los signos, las lenguas atadas, las manos colmadas, los ríos, ni los dolorosos caminos. Me parece que no hay forma mejor para terminar este diálogo que estos versos. Gracias por haberme ofrecido la oportunidad de conversar y reflexionar con usted.





Notas: 1). Human Rights Watch (2017): “España: La policía utilizó la fuerza de manera excesiva en Cataluña”. Enlace al informe: https://www.hrw.org/es/news/2017/10/12/espana-la-policia-utilizo-la-fuerza-de-manera-excesiva-en-cataluna.
2). Eduard Punset (2017): “¿Por qué me tengo que callar?”. La Vanguardia, 09/11/2017. Enlace al artículo: http://www.lavanguardia.com/politica/20171109/432721596226/eduardo-punset-presos-callar.html.



domingo, 29 de octubre de 2017

Palabras en el Panel sobre el libro La dominicanidad transida, entre lo virtual y lo real, de Andrés Merejo






Muchas gracias a Andrés Merejo y a la Academia de Ciencias de la República Dominicana por invitarnos a comentar brevemente el libro La dominicanidad transida, entre lo virtual y lo real.

Y nos place porque se trata de un libro revelador e innovador en el análisis científico y en la apuesta de un filósofo que ahonda en un fenómeno completamente nuevo, como es el ciberespacio, y como consecuencia de ello la cibercultura, la ciberpolítica, y todo el fenómeno de los medios de comunicación que han surgido en este nuevo mundo que se ha construido, en particular las redes sociales.

Merejo ha realizado un aporte significativo al estudio comunicacional con este libro. Estamos apenas en el surgimiento del fenómeno, y la postura de los más prestigiosos y documentados maestros no deja de ser una visión maniquea y conservadora, de no aceptación de la amplificación comunicacional, como muy bien queda dicho en este libro al recoger las consideraciones de Zygmunt Bauman y Umberto Eco, por ejemplo, y brindarle una respuesta más o menos equilibrada, con un contexto novedoso de por qué se expresan con desdeño y rechazo  sobre las nuevas modalidades comunicacionales, como las redes sociales.

Pero este libro no solo nos coloca en la meseta más alta del análisis de la revolución tecnológica. También es un libro antropológico y social, además de político, que aborda la cuestión cultural, de la identidad, la migración y sus influencias, y nos pone a mirar a la sociedad dominicana desde perspectivas diferenciadas, entre los dominicanos y dominicanas transidas en el contexto de la media isla y los que se encuentran desparramados por el mundo, que siguen formando parte de este terruño y así lo sienten y lo expresan diariamente a través de las redes sociales y el Internet.
Creo que Andrés Merece asume la responsabilidad que le toca al plantear con tanta honestidad y profundidad su convicción de cómo los políticos dominicanos han manipulado a la sociedad, aprovechando las nuevas tecnologías y presentándose como garantes de la modernidad y la postmodernidad, cuando en realidad se cobijan bajo la sombra de la llamada post verdad, tan ampliamente dilucidada luego del ascenso al poder de Donald Trump.

Aunque Merejo pondera presentar una visión optimista en su análisis, finalmente se queda presentándonos un discurso fatalista y de derrumbe, manipulado y bajo el control de los políticos dominicanos, que han seguido la tradición de siglos de mantener transida a una gran parte de la sociedad dominicana.

Y por eso, con su lectura uno tiene que volver al pasado, y pensar en el Federico García Godoy, por ejemplo, que en su obra El derrumbe nos ofrece una visión compleja y dolorosa de la sociedad dominicana.

“Y así hemos vivido fatalmente resignados con nuestro sino adverso, derribando un tirano para endiosar mañana a otro o resbalar en la más aterradora anarquía, despreciando lo que realmente sabe y vale por lo mediocre y charlatán, para caer al fin, presa fácil y apetitosa, sin honra y sin gloria, en las férreas manos de los audaces y agresivos cartagineses del Norte. Y como corona de tales deficiencias, flor negra y pestilente, la corrupción más envilecedora y disolvente…”

Así nos hablaba en sobre la sociedad dominicana García Godoy hace 101 años.
Doloroso, agrio, desafiante, atrevido, valientemente descriptivo y descorazonado, con un libro que recoge las amarguras más sentidas de la sociedad dominicana.
Y en ese tono nos habla en este libro Andrés Merejo. Una sociedad responsable también de sus malos gobiernos y de sus peores presidentes. Andrés no tiene dificultades en decirlo y ponerlo reiteradamente sobre estas páginas agudas y cortantes:

Este sistema es percibido por una franja de los navegantes dominicanos de las redes sociales en el ciberespacio como un sistema que opera para cometer un crimen en contra de la verdad y a favor de la mentira. Los hechos no importan, la verdad no tiene valor, porque para la mayoría de esos jueces vivimos en la post verdad, que significa inventar acontecimientos que no han ocurrido de hecho”.

El autor nos dice que vivimos en una democracia bloqueada, condenados a repetir una y otra vez las mismas miserias de vida en la que nos encontramos, dentro y fuera del territorio dominicano, hemos sido enmudecidos, entristecidos, despojados y excluidos de la modernidad. Nos dice Andrés que vivimos en zonas grises, que están sobrecargadas de mafias, drogas, ajustes de cuantas, asesinatos, suicidios, actos criminales, negocios sucios, con políticos y jueces corruptos, y en donde las instituciones están hundidas en la pestilencia, flor negra, de la corrupción, como bien señalaba hace 101 años Federico García Godoy.

En ocasiones siento más dureza y rabia en las palabras de Andrés Merejo que en las de Federico García Godoy:

“Se observa cómo jueces y políticos se desfiguran con polvillo de las cenizas que germinan de los cadáveres, negocios ilícitos, tráfico de influencias y ajustes de cuentas”.

Cuando profundizamos en este libro, y conocemos los planteamientos del autor sobre el ciberespacio, las redes sociales, el internet, la fractura social que hay y se mantiene en la sociedad, y cómo la modernidad ha ido creando una especie de mundo paralelo de venganzas y justicia social popular, vía los linchamientos virtuales, nos enteramos que el tema tecnológico es una forma de abordar la crisis de la sociedad dominicana, el terrible derrumbe ético y moral de la política. Y Merejo más que filosofar sobre el impacto de la revolución tecnológica, se monta sobre el tema y nos habla de los otros aspectos del dominicano, tan olvidado por una gran parte de la intelectualidad, y tan echado a menos por los analistas del presente, que no ven que entre el 2004 y el 2016 los gobernantes han operado bajo unas redes de sobornos, sobrevaluaciones y financiamientos ilegales de las campañas electorales. Eso nos lleva a cabalgar sobre un escenario de incertidumbre y vulnerabilidad ante los problemas sociales.

La dominicanidad transida es un libro luminoso, que nos estremece por la sinceridad y claridad de los planteamientos que formula el autor. Nada es ingenuo en este libro, ni siquiera cuando nos cuenta la historia de la familia, y su obligatorio proceso migratorio hacia los Estados Unidos. Sentí que Andrés estaba haciendo un ajuste de cuentas con los gobiernos reformistas de Joaquín Balaguer y con quienes le dieron sustento y continuidad, en particular por el recuerdo y sacrificio de sus padres, y en particular de su madre, la profesora Pisisa, fallecida el 25 de febrero del año pasado.

En mi humilde punto de vista, creo que en la actualidad es necesario que se escriban, se publiquen y divulguen muchos libros como este doloroso ensayo sobre la dominicanidad transida, de Andrés Merejo.


Fausto Rosario Adames

15 agosto 2017

lunes, 24 de julio de 2017

¿Qué es y para qué sirve la Ética?

A. Cortina, explica en este video:

https://www.youtube.com/watch?v=JspFfzuJvec



Conferencia:
Fernando Savater: entre ética y estética, en el mundo de hoy 

Ver:
https://www.youtube.com/watch?v=dyUVu61l2rE



domingo, 23 de abril de 2017

República Dominicana en otro escándalo de corrupción y soborno internacional.


Andrés Merejo
Viviremos en otro escándalo de corrupción y soborno  internacional, como si al parecer los Super Tucanos, OISOE y  Odebrecht,  no bastaran para que los dominicanos que no vivimos de esas prácticas  políticas clientelares y patrimonialistas ejercidas desde el Estado, nos encontremos en estos momentos Bajo el culo del sapo (Fischer,1998). De acuerdo al periódico digital dominicano  7dias.com.do “El expresidente de la empresa INASSA, accionista de la AAA Dominicana, presidida en la República Dominicana por Ángel Rondón Rijo, ( vinculado al caso de Odebrecht, A.M) , habría sido “conocedor y partícipe” de prácticas corruptas en la República Dominicana y otros países de América Latina. De acuerdo con una publicación de Europa Press (periódico digital citado por 7dias,com.do), Edmundo Rodríguez Sobrino, expresidente de INASSA y apresado la víspera en España en el marco del caso de corrupción de la empresa estatal Canal de Isabel II, habría participado en prácticas corruptas fuera del territorio español, además de la República Dominicana en Colombia, Panamá y Haití”.
En la República Dominicana el escándalo de corrupción y soborno  apunta a   “AAA Dominicana, la firma presidida por Rondón Rijo, y de la cual INASSA es accionista mayoritaria, “habría estado pagando periódicamente comisiones ilegales por valor, por ejemplo, de 440.000 o 393.500 dólares, siempre relacionadas directamente con contratos públicos adjudicados y ejecutados” por la citada empresa (7dias.com.do citando a Europa Press.2).
3. Fichscher,Tibor (1998). Bajo el culo del sapo. Barcelona: TusQuets

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viernes, 28 de octubre de 2016

Linchamiento cibernético en República Dominicana
Al día de hoy TODOS estamos expuestos ante los medios (lo que pasa en Las Vegas hoy se queda en Google para siempre) y tenemos que ser un poco más conscientes y cuidadosos de nuestras acciones, pues los teléfonos y las redes, para bien o para mal de los sujetos, han acabado con nuestra privacidad e intimidad. Además, hemos hecho de las redes la plaza de linchamiento del siglo XXI. (Alejandro Fernández, 10 de agosto 2016, carta escrita en su cuenta de Facebook)
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La compresión de una filosofía del ciberespacio pasa por una teoría del sujeto cibernético articulado al lenguaje, a la lengua, al discurso y al poder cibernético como sistema social de control político.
Es, pues, partiendo de esta visión sistémica y sobre una ciberepistemología que ha de situarse el internet como como redes de herramientas históricas de la tecnología digital y el ciberespacio como espacios virtuales e interactivos forjados por los sujetos cibernéticos, el cual no tiene nada que ver con los propietarios de empresas de los proveedores y propietarios de los servidores.
Además, tal visión nos ayuda a comprender que  los dispositivos y herramientas digitales no son resultado de una era, sino de un sistema social, cultural económico y político (cibermundo) en el cual hay que situar las prácticas sociales de esos sujetos cibernéticos que se mueven entre los espacios físicos y los virtuales.
Por esta razón, no se puede creer (opinión sobre el sistema) que el cibermundo puede llevarse  o reducirse en un bolsillo (móvil inteligentes, tabletas, entre otros dispositivos), como si esto implicara una cobertura social y política global dentro de la hondonada del ciberespacio y las diversas prácticas sociales que van definiendo al sujeto cibernético. Este último se mueve en diversos micro espacios virtuales, en múltiples relaciones que van desde cajeros automáticos,  coches, aviones, el quirófano de una sala de emergencia, en redes militares, comerciales, en fin en ciudades inteligentes o ubicuas o  en determinado sistema ciberfísico; por lo que todas esas prácticas cotidianas no pueden reducirse a un dispositivo digital con varias aplicaciones que manejamos y las sacamos de nuestro bolsillo.
El pensar sistémico implica que el sujeto cibernético que de por sí entra por esa relación lenguaje-lengua-discurso como artífice de ese cibermundo, no se encuentra subordinado a ningún sistema de programación. De ahí que no se puede pensar que este vive tecnológicamente en el ámbito de la soledad y la frialdad, tal como se abordaba en el discurso de la tecnología y la primera cibernética de mitad del siglo XX, pensada por Heidegger y la escuela de Fráncfort, y fuente de repetición en los discursos filosóficos, literarios y sociológicos que no entienden que la tecnología de estos tiempos brota de la cibernética de segundo orden y está articulada al pensamiento complejo que  da refugio en lo virtual y calentura social.
Por lo que la entrada en escena de la tecnología cibernética y ubicua no es un refugio frio y solitario en el que vive el sujeto cibernético. Por el contrario, es una fascinación por lo interactivo y lo multimodal. Que una franja de sujetos cibernéticos perciba lo contrario, de acuerdo a manejos estadísticos,  no puede verse como sentido único, porque quiérase o no, es dentro de ese sistema cibermundial (lenguaje-sujeto cibernético-discurso) que hay que buscarle sentido a la trasformación, la aceptación o la rebeldía; ya que el vivir fuera de ese sistema es imposible.
Es en ese sistema donde entra la ciberplaza y los sujetos cibernéticos que viven en los espacios físicos y virtuales. Los  linchamientos cibernéticos conocidos también como linchamientos digitales no podemos confundirlo con el ciberacoso (ciberbullying) este apunta a un hostigamiento permanente de un sujeto sobre otro, sin que el acosado muchas veces haya cometido algún hecho por el cual deba ser acosado. El acosado es un perseguido permanentemente, como el caso de los acosos sexuales, escolares y laborales.  El escolar es una especie de matonismo que puede afectar en lo físico o en lo psicológico y se da en espacios físicos (centros escolares) o en el ciberespacio (redes) entre niños y adolecentes
El linchamiento cibernético es más abarcador, lo que no deja a un lado al ciberacoso en cuanto que las agresiones psicológicas, las intimidaciones y difusión de fotografías, correos y videos se difunden en el ciberespacio;  sin embargo, en el linchamiento digital (ciberlinchamiento) se dan varios escenarios, desde la ciberpolítica hasta la farándula, en el que entran determinados discursos multimodales, textuales, interactivos, videos y memes que se mueven entre las aplicaciones y  redes sociales (Intagram Wassapt, Tuiter, Facebook, Yotube), como resultado de cierta provocación y arrogancia que brota  del poder y los poderosos. 
El ciberlinchamiento en muchos casos brota de una indignación, de una causa legítima, un empoderamiento justo de los sujetos cibernéticos (Rheingold, “las multitudes inteligentes”) ante un evento acaecido o producido por un sujeto que forma parte de una determinada instancia del poder social.  De ahí que muchos políticos, artistas y sujetos de gran renombre social hayan sufrido linchamiento digital y les haya caído en las redes su tormenta de mierda.
 No es lo mismo ni es igual cuando el movimiento Anonimus lincha a un sujetos de poder político debido a los efectos de aplastamiento y arrogancia que produce su discurso en la sociedad que cuando algunos sujetos intentan linchar en las redes sociales, sin ningún criterio o fundamento político e ideológico, a un sujeto que simplemente haya cometido un acto de poca monta.
El sujeto cibernético con mentalidad de ciberturba intenta linchar, condenar con pasión ( moralina) una caída o una manera de sentarse de un presentador o una presentadora en determinado escenario televisivo, un error cometido  que va desde una simple falta ortográfica hasta una mirada desorbitada de un sujeto que en su práctica social y virtual puede estar bien posicionado en su área artística  o profesional, contrariamente a la apuesta política con estrategia bien definida por parte de multitudes inteligentes, que su linchamiento (crítica sarcástica, aniquilar con ironía) va más allá de este tipo de mentalidad.

La República Dominicana vive en el cibermundo global por lo que no escapamos a estos tipos de linchamientos, en los que han sobresalidos políticos, artistas y profesionales que por su comportamiento social  han sido linchados en todos los entramados de las redes sociales, de las diversas aplicaciones, blog, en comentarios que van dejando los sujetos cibernéticos en los diarios digitales del ciberespacio.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Sujeto cibernético: los nets y los nativos digitales




Parto de un discurso epistemológico cibernético en el plano de la complejidad tecnocientífica, social, cultural y política sobre la que he podido edificar una teoría sobre el cibermundo como sistema digital que va “del todo a las partes y de las partes al todo” (Morin). 
Por eso, el sujeto cibernético como actividad social y virtual funciona en redes hiperconectadas al ciberespacio, este espacio no se puede confundir con el internet, que es la historia tecnológica digital que nos ha conectado a esa dimensión virtual. 
Por lo que este sujeto, no puede situarse ni analizarse como concepto aislado del cibermundo, porque se parte de una construcción tecnocientífica, ciber epistemológica y no de palabrerías o de caprichos, en la que abundan términos que con el tiempo pasan de moda o de teorías parciales cuyo objetivo es amancebarse con el poder digital para venderse como simple producto. Es por esto que mi apuesta discursiva no es digital (simple TICs), sino filosófico-cibernético de segundo orden, que involucra lo digital como una parte de la cibernética al igual que la teoría de sistemas, la robótica, la biónica y la información y de otros componentes sociales y educativos que forman parte del pensamiento de la complejidad.
En ese aspecto, postulo un discurso filosófico sistémico que implica al sujeto cibernético como construcción categorial, lo que implica a la vez, a esa franja de generación net que se ha convertido en objeto de estudio en el cibermundo. Estos jóvenes empezaron a “nacer entre 1977 y 1997”, según plantea Don Tapscott (1998 ).
El estudio de Tapscott se sitúa en la sociedad americana, donde él analiza cómo en diferentes épocas cada generación ha tenido sus fascinaciones por determinados valores sociales y tecnológicos. Tal es el caso de la generación de los baby booms (1946-1964), que surgió de la postguerra mundial y bajo un mundo de imagen de televisión y de cine, y la generación X, que en Norteamérica se conoce como aquella generación que nació entre 1965 y 1976 y se desarrolló en un mundo globalizado, sin referente político e ideológico, fuera de la confrontación entre socialismo y capitalismo y sobre la articulación de las imágenes de la televisión y del ciberespacio. 

Mientras que la generación de los baby-boomers ha vivido con creencias de ideas como la democracia, la honestidad, la moralidad y la expansión económica y política del imperio norteamericano, los de la generación X vivieron la crisis de las ideologías, en la desconfianza de derechas o de izquierdas, sus pasiones son de otra índole, han vivido en el individualismo, despreciando el colectivismo social.  Estos  han participado junto a la generación net en la revolución de la informática, cabalgando por la red de redes ciberespaciales, dispuestos a jugarse la vida sin grandes proyectos políticos, emprendiendo negocios, metas individuales, sin esperar nada de los políticos, ni de la religión. (Merejo, 1998)  
Sin embargo, la emergencia de la generación Net provocó en su tiempo una ruptura en cuanto a percepciones y valores sociales tecnológicos con relación a las generaciones anteriores que se familiarizaron más con el mundo de las imágenes de la televisión y del cine, aunque eran más espectadores, no interactuaban con esos medios tecnológicos, porque la interactividad surge con los multimedia. La generación net es una ola de juventud que coincide con la revolución digital que ha estado transformando todas las facetas de nuestra sociedad. 
En esa perspectiva Roemer (2007) dice que la generación Net es una descripción y un nombre, una manera de capturar un rasgo distintivo: el individualismo y el consumismo que nos invaden desde el nacimiento y en la que dicha generación ha impreso instrucciones de mapas de Yahoo.
Hay que puntualizar que el término net se agota en la franja de ese período (1977-1997), ya que desde finales de los noventa comienza la expansión del ciberespacio y se puede decir que, a partir de ahí, surgen los nativos digitales, que no pueden colocarse o ser sinónimo de los de la generación net, como, como pretende el educador Mack Prensky (2001) cuando explica en su artículo “Digital Natives, Digital Inmigrants” que a la generación Net, más bien, hay que nombrarla “nativos digitales”, ya que por naturaleza hablan el lenguaje que se ha construido en el cibermundo. Lo que no entraría a formar parte de ese escenario cibernético son los “inmigrantes digitales”, que tienen que adaptarse al cibermundo y su lenguaje viene del mundo natural, no digital.  
La conceptualización de Prensky sobre “Nativos Digitales e Inmigrantes” constituye un buen aporte, pero  se encuentra limitado, en cuanto a que no parte de una visión del sujeto cibernético, articulado al lenguaje y al discurso del cibermundo, más bien a los dispositivos tecnológicos digitales como instrumento social, por eso, no comprende que la generación net se encuentra antes de los nativos digitales, que junto a otras tipologías de sujetos cibernéticos (hackers, cibereducadores, ciberpolíticos forman parte del cibermundo, es decir , son constitutivos de este (Merejo 2008, 2010 y 2014).
Aunque es bueno precisar que esas fechas que marcan a estas generaciones de jóvenes cibernéticos no se pueden abordar con un discurso determinista, que no comprenda la cibercultura de estos sujetos y otros tipos de generaciones que con el tiempo serán objeto de estudio en el cibermundo.
La carencia de una teoría del lenguaje, del discurso y del sujeto cibernético como parte del sistema cibermundo, enreda a los sujetos  en discurso de moda: sociedad web, o infosociedad, en la confusión entre el ciberespacio e internet, como las variantes hackers y tipos de realidades; sin una compresión filosófica del sujeto y el poder cibernético, la moda y los conceptos comodines , solo buscan una estrategia de llegar a formar parte del cibermercado como discurso de verdad y sentido único en cuanto a la tecnología digital como lenguaje de programación, de productos y no del sujeto cibernético con lenguaje innato y capacidad de simbolización, y de ser el artífice del cibermundo.
El sujeto cibernético inventa los lenguajes de programaciones; produce y reproduce por medio de los dispositivos digitales sus discursos cibernéticos,  enuncia  lo virtual,  lo interactivo y todas sus aventuras ciberespaciales; crea y recrea las redes sociales, vive en y por intercambio de mensajes electrónicos, fascinado por la búsqueda de información en los millones y millones de cibersitios o conjunto de páginas web y en los buscadores más importantes (Google, Yahoo, Bing, Ask ).
Es sobre este andamiaje cibercultural que se van construyendo y  transformando,   los diversos tipos de sujetos cibernéticos: cibertrabajadores, hackers, cibereducardores, ciberpolíticos o u otras tipologías de cibersujetos catalogados dentro de las generaciones:  net, nativo digital o inmigrante digital. 
Estos sujetos cibernéticos son los que han ido forjando esa cibercultura de donde brotan los entramados cibernéticos (redes de computadoras portátiles o no, teléfonos móviles inteligentes, tabletas, rizoma de sistema aplicaciones virtuales) que edifican el cibermundo que, junto al mundo, forman un híbrido planetario en este universo.
Esta cibercultura es la que le da configuración al cibermundo; esta como tal, es, parafraseando a Emile Benveniste, el resultado de la facultad de simbolizar del sujeto; es a través de esta “facultad simbólica” que “el hombre alcanza su realización suprema en el lenguaje, que es la expresión simbólica por excelencia; todos los demás sistemas de comunicación, gráficos, de gestos, visuales” (...) y lo digital, virtual, multimodal, “derivan de aquél y lo supone”. Sin dejar a un lado, todas las interactividades con todos los contenidos digitales que van construyendo y reconstruyendo al sujeto cibernético. 
Tal construcción de vida cibernética o cibervida va moldeando el cerebro (específicamente a los nativos digitales que no conocen una vida predigital) hasta el punto donde la conectividad e hiperconetividad es como el aire que respiran.
Sin embargo, los pioneros digitales, constituidos por  un reducido grupo de la generación que luego inmigró  al mundo digital (inmigrante digitales, antes de la década del 60 del siglo pasado), y la generación X (de la década de los 60 a los 70), articulada con   la generación net (de la década de los 70 a los 90 han sido los constructores del cibermundo;  los nativos digitales (de  los 90 hasta entrar a la decada del 20 del siglo XXI) viven más en este y apenas han comenzado a ser partícipes de su reconstrucción.
Sin embargo los X, los nets y los nativos digitales son los protagonistas de los acontecimientos significativos que comenzaron a surgir a mediado de la década del 2010 en el cibermundo, específicamente en cuanto a lo ciberpolítico: los indignados de España y varios países europeos, del triunfo de Obama y de Occupy Wall Street, de la Primavera Árabe;  el caso del exagente de la CIA, Edward  Snowden con el espionaje electrónico y el control de vigilancia virtual de los programas de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), además de los principales movimientos de hacktivismos (WikiLeaks, Anonymous), y de los movimientos latinoamericanos en Brasil con el movimiento social  “Somos las redes sociales” o en México con el movimiento de Wiki política. 
Es bueno precisar que a los nets también se les conoce como Generación Y o Generación de los 'Millennials' Milenial o Milenio). Me sitúo en la net y por la descripción del mismo concepto que forma parte del mundo digital, net es la abreviatura de network, que significa red, entrando en la red de redes (internet).

Esta generación es el punto de partida para dejar la terminología predigital (Generación Milenio X, Z o las demás letras del abecedario que faltan). Después de los nets, podemos   hablar de los “nativos digitales” de Prensky, a los que también se les define como Generación Z, siguiendo el orden lineal del abecedario, x, y, z.., que es una manera de colocarse en lo predigital, en el mundo, y no en la propia edificación de lo digital del cibermundo. Hay que ir comprendiendo que tal como establece la cibernética de segundo orden, el propio observador entra a formar parte de la observación, él forma parte del sistema que define y construye.